12/12/16

Los hombres no deben reprimir sus sentimientos [12-12-16]


Los hombres no deben reprimir sus sentimientos  

El hecho de no expresar los sentimientos puede acarrear serios problemas de salud.

Expresar sentimientos de afecto hacia otro hombre, llorar de tristeza o de felicidad y mostrar ternura son conductas que reprimen muchos varones, quienes se comportan como lo dicta el estereotipo de ser hombre: duro, insensible y, en algunos casos, agresivo y violento.

Esto se debe a que a los hombres se les prohíbe sentir pese a que los sentimientos no pertenecen en exclusiva a un género.

"De hecho, la mayor parte de los varones que acude a solicitar terapia para solucionar sus problemas de insensibilidad emocional lo hace porque ya se encuentra verdaderamente sobrepasado, y piden ayuda desesperada ante una situación que ya no les es posible superar", señala Edith Zúñiga, doctora en psicoterapia y especialista de la asociación de ayuda en crisis Tech Palewi.

¡Prohibido sentir!

Pedro Ramírez, trabajador jubilado de 66 años, padre, abuelo y bisabuelo, siempre fue el pilar de su familia. Durante años, sirvió de ejemplo y sostén incluso para sus hermanos, todos menores que él. Sin embargo, una amarga noticia echó por tierra esta imagen de fortaleza y tesón.

"Hace poco menos de 20 años, después de que me retiré, me diagnosticaron cáncer. En ese momento sentí que el mundo se me venía encima y entré en una crisis muy fuerte que se prolongó durante varios meses, misma que llegó a límite cuando empezaron los tratamientos con quimioterapia pues además de la enfermedad que me aquejaba, pensé: 'Ahora que estoy mal, no puedo ni permitirme llorar, pues ¿qué va a pensar la familia de mí?'. Yo, que siempre les había dado fortaleza".

Zúñiga indica que en una situación traumática o difícil, a la mujer se le permite que esto se exprese con llanto o de forma más manifiesta. Sin embargo, en el hombre, tal parece que mostrar vulnerabilidad es una reacción vetada y mal vista socialmente.

"Cuando hay hombres con crisis emocionales, no sólo su familia, sino la sociedad, no sabe qué hacer. Por ello la tristeza se puede traducir de otras formas, ya sea mediante una reacción violenta o simplemente a través de una incapacidad de poder expresarlo. Esto es algo muy grave porque hay mutilaciones en términos emocionales", asegura la especialista.

Con un nudo en la garganta

En un principio, Pedro no lograba dimensionar su problema de afectos; sólo tenía el deseo de que alguien lo escuchara; por ello, sin ser un hombre de fe empezó a creer en Dios, pues solicitaba a gritos un apoyo, una fortaleza en la que pudiera descargar sus miedos, sus sentimientos escondidos entre un mar de responsabilidades, restricciones y cargas.

"Uno de los aspectos que más se requieren para ayudar a este tipo de personas", comenta Zúñiga, "es mantener y contener, dar seguridad al varón para saber cómo debe manejar las emociones que afloran una vez que dejan el yugo de la represión".

De esa forma y paulatinamente, el hombre podrá lograr el manejo de sus sentimientos, así como resignificar el dolor y aliviar su condición de crisis.

"Yo le decía a mi dios inventado, ese ´ser superior´ creado a partir de mi desesperación, que me escuchara, que me aliviara porque había muchas personas que dependían de mí y que por ningún motivo las podía defraudar. Pensaba en mis hijos, en mis hermanos, en todos ellos, que me veían como el hombre que lucha, el proveedor. Al final de mis plegarias, el resultado sólo era el de una gran soledad y una enorme impotencia", comenta Pedro.

Donde está el problema es en el aspecto emocional, en la expresión completa de los afectos, pues los hombres aprenden a saber manifestar muy bien la agresión porque la cultura los provee de instrumentos para comunicarla, pero no les da instrumentos para expresar la ternura, la compañía, la comprensión, señala José de Jesús González, catedrático de la UNAM y especialista en temas de masculinidad.

Así, Pedro estuvo en esta situación por varios años más: consternado por la amenaza de una enfermedad crónico-degenerativa y sin la posibilidad de darse una oportunidad como ser humano, ostentando una fortaleza que ya no existía ni en apariencia y, sobre todo, negándose la opción de pensar un poco más en él y no en los demás.

Analfabetismo emocional

"A medida que pasaba el tiempo y las terapias contra la enfermedad se hacían más duras y me sentía yo cada vez más débil, me di cuenta que esto ya no lo podía controlar. Parece algo paradójico, pero tuve que pasar por el trancazo de la enfermedad para acudir con el psicoterapeuta y lo hice, aunque después de un largo año de pensarlo y darle vueltas a la situación", cuenta Pedro.

Para que un hombre llegue a terapia, señala Zúñiga, debe pasar una serie de procesos que requieren tiempo, pero una vez que se decide, es preciso que comience a darles nombre a sus problemas.

Aunque esto parece sencillo, en muchos varones existe un analfabetismo emocional tan fuerte que es necesario que comiencen a ponerle nombre a eso que van haciendo y no pueden controlar.

"Sólo así empezarán a darle sentido a la situación y podrán iniciar el proceso de catarsis emocional", apunta Edith Zúñiga.

Con la voz entrecortada, Pedro continúa su experiencia: "Desde joven, estuve en una postura de no pedir afecto, de conservar una fortaleza aparente; nunca me di la oportunidad de sentirme frágil.

Ni yo ni mi familia ni mis amigos y conocidos cercanos podían generarse tal percepción de mi persona. Mucho trabajo me costó saber que no tenía por qué valer menos por el simple hecho de mostrar mis sentimientos".

Por esta razón, cuando Pedro decidió iniciar las sesiones psicoterapéuticas, se empezó a dar cuenta de que la supuesta fortaleza machista con la que contaba no era cierta, simplemente era un prejuicio reforzado socialmente que le impidió aprender a amar, a reconocer al otro no como un desvalido, sino como un igual.

"Crecer en lo emocional, aquí es donde el hombre tiene que desarrollarse más. Al día de hoy, los machos están fatigados, actualmente muchos hombres están cansados de ser machos y ya queremos otro estatus: ser hombres. Ser macho es muy fácil porque la cultura nos provee de esa agresión, de ese autoritarismo", comenta González.

Después de varios años de terapia, Pedro experimentó numerosos cambios emocionales. Una de las cosas más importantes de esa transformación fue el hecho de sentirse menos presionado por lo que tiene que hacer o por cómo debe actuar cotidianamente.

"Hoy veo que en mi familia todos participan de manera equitativa. Yo incluso fomento ese consenso y ya me dan igual un poco las cosas que no son relevantes. Ahora, a lo que le pongo más atención es a la importancia de saber escuchar, de expresar mi amor, demostrar cariño y manifestarme cuando estoy mal o me siento débil".

Varón renovado

"Es importante estudiar la psicología de lo masculino porque, desde hace varias décadas, la mujer empezó a desarrollarse mucho en el mundo, y ellas han seguido permanentemente superándose. Y, en el caso del hombre, éste ha sido más reacio, más duro parta reconocer los afectos positivos, pues muchos no lo saben ni decir", comenta el académico de la UNAM.

Por esta razón, tanto el catedrático como la psicoterapeuta coinciden en la importancia de hacer conciencia sobre el hecho de que en el sufrimiento no hay géneros y en que, a pesar de los estereotipos y prejuicios sociales aún existentes, es necesario establecer el nuevo paradigma de un varón realizado emocionalmente que puede contribuir realmente con su masculinidad a la formación de la pareja y al desenvolvimiento de su vida sentimental en todos los aspectos.

"Yo les pido a todos los hombres que se sienten o se asumen insensibles e invulnerables a que se armen de un verdadero valor para expresar el sentir. Uno no se debe sentir menos si llora, se queja o falla. Somos sólo seres humanos que a veces necesitamos darnos la oportunidad, y, cuando lo hacemos, créanme, es maravilloso", concluye Pedro.

Macho herido

Algunos síntomas de la represión sentimental son:

- Irritabilidad, que puede manifestarse en agresión

- Crisis de ansiedad o depresión

- Desesperación que no tiene una causa aparente

- Miedos o fobias

- Problemas psicosomáticos

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